CUBOS DE TEXTO: traducciones en lengua tehuelche

 Me contactaron para que tradujera la frase “Die Nacht ist der Schatten der Erde” en tehuelche. Más precisamente, me contactaron porque necesitaban, para un proyecto artístico en Alemania, esa expresión en “lengua Tehuelche |  Aonekko ‘A’ien [tehu1242] [teh].” Contesté que yo no soy el dueño de la lengua, y que yo no puedo decidir sobre su uso pero, más allá de eso, este tipo de preguntas merece un comentario más extenso.

 En primer lugar, tengo mis serias dudas sobre qué es lo que esa frase quiere decir ya en alemán: “la noche es la sombra de la Tierra”. ¿O sea? Vaya uno a saber. Algo entre astronómico-apocalíptico y romántico-vampírico, supongo.

En segundo lugar, ¡cuánta insistencia con que todo es traducible! Pareciera que sólo hubiera una posibilidad para el concepto de “noche”, sólo uno para “sombra”, sólo uno para “Tierra”. Cuesta hacer entender que las lenguas no son etiquetas que se aplican a cosas ya predefinidas, si no que muchas veces se aplican a cosas distintas. Es una de las (bonitas) razones por las que estudiamos las lenguas. 

 En tercer lugar, las lenguas no son software o simples códigos de comunicación, tampoco estructuras gramaticales ni mucho menos listas de palabras. En el caso del tehuelche, si bien ya no se use como medio de comunicación cotidiana, sigue siendo un importante símbolo de identidad. Cada lengua tiene y expresa una realidad social particular. 

 Estas cosas me hacen pensar en aquellos meses en los que trabajé en la Modalidad Intercultural Bilingüe del Consejo Provincial de Educación de la Provincia de Santa Cruz junto a Dora Manchado. Llegaban a menudo “consultas” de gente que quería saber cómo se decía “niños que bailan”, “mujer del viento”, “manos de la tierra” (los ejemplos son reales). Por supuesto, las respuestas de Dora mostraban un conocimiento de antropología lingüística (y de sentido común) mucho mayor al de la gente que hacía esas consultas, y al de mis propios colegas: “¿qué niños?”, “¿bailan qué?”, “¿dónde bailan?’, “si el viento no tiene mujer”, “si la tierra no tiene manos”.

 A pesar de eso, nos veíamos obligados a dar una respuesta. Aquellos casos son una excelente muestra de la usurpación cultural de las lenguas indígenas por parte del Estado, y de su rol como difusor de las ideologías lingüísticas hegemónicas. Sin embargo, y como siempre, Dora ayudaba con su mejor voluntad. Por lo demás, lo hacía gratis, a pesar de que su trabajo era colaborar en una recuperación de su lengua, y no traducir estupideces.

 Hace poco me llegó una consulta de ese tipo, siempre de ese mismo organismo: ¿cómo se dice “tenemos voz”? En este caso, tampoco se fijaron en que esa frase es una figura retórica, es decir, que en realidad significa “tenemos voto” o “tenemos capacidad para decidir”. No necesitamos ir muy lejos del castellano para demostrar que es imposible de traducir. En italiano “abbiamo voce” (su traducción literal) no significa absolutamente nada o, tal vez, se puede entender como que no estamos afónicos (pero suena ridículo). 

  En fin, si tanto les gusta como suenan esas frases, ¿por qué no las dicen en castellano y listo? Además, ¿qué garantía tienen de que les sigan gustando una vez traducidas? No todo lo que suena bien en una lengua suena bien en otra. ¿Tienen el mismo valor estético las palabras “mariposa”, “farfalla”, “Schmetterling”, “papillon”, “chelelon” y “butterfly”? ¿Les parece, en serio, que es “homenajear” (así lo dicen siempre) a una lengua hacerle decir lo que ellos quieren que diga? ¿No tendrá más sentido fijarse en qué es lo que las personas dicen en su propia lengua?

Lo bonito de trabajar con Dora era que yo trataba de explicarle (no de que “me tradujera”) lo que quería decir, y ella le buscaba la vuelta. Por ejemplo, siempre me pareció absurdo que el nombre “proceso de revitalización de la lengua tehuelche” estuviera en castellano. Yo le expliqué a Dora que un grupo de tehuelches quería recuperar su lengua y ella me dijo “kkomshkn e winne ‘a’ien aurr” (no tengo vergüenza de hablar en tehuelche), que es tanto más bonito. Es la frase que está en la página de la comunidad. Cuando le expliqué qué significaba “comunidad tehuelche”, me dijo ‘an seunke aukkenk tsh (son muchos los tehuelches), ¡mucho más bonito! 

‘an seunke aukkenk tsh

 Ahora que ella ya no está para ayudarnos en lo cotidiano (y esta frase quiere tener un sentido muy amplio), me pregunto: ¿tan poco valen las miles y miles de frases que dejó grabadas para que la lengua no se pierda, que hay que inventar otras cuando se quiere usar el tehuelche? Hacer eso me parece despreciar su dedicación y su esfuerzo. Le ponía una onda increíble, nos trataba con una paciencia enorme y, en vez de escuchar lo que ella tenía para decir, le pedían que dijera “mujer del viento”.

Es verdad que las lenguas van cambiando, y sus usos también. Está lejos de mí reivindicar el purismo lingüístico. Si los usos del tehuelche algún día se amplían, y los propios tehuelches usan su lengua para decir “flecha de las estrellas”, “escarcha del corazón” o “lagaña del cielo” no voy a ser yo el que me oponga. Mientras tanto, y a todos los demás: acepten al otro porque es otro, y no porque es igual a ustedes.

Javier Domingo – javier.domingo@umontreal.ca

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