“Chaltén” no es una palabra en lengua tehuelche

(El) Chaltén es un pueblo bajo el cerro del mismo nombre en la Patagonia Austral, muy conocido por el turismo. En todas partes se dice que “Chaltén” es una palabra tehuelche. Es más, se dice que era el “cerro sagrado de los tehuelches”. Nada de esto es verdad.

Vayamos por partes. En primer lugar, la lengua tehuelche (aonekko ‘a’ien) tiene el acento fijo en la primera sílaba. Es decir, en todo caso sería “Chalten” y no “Chaltén”. En segundo lugar, esa palabra en lengua tehuelche suena fuertemente (muy fuertemente) vulgar. ¿Cómo puede repetirse, entonces, un error semejante?

Veamos, ante todo, la prueba:

Para hacer referencia a datos sobre este corpus, por favor cítenlo de esta manera: Domingo, Javier & Manchado, Dora, 2018, Tehuelche29_5 en: Usos cotidianos del tehuelche (aonekko ‘a’ien) – homenaje a Dora Manchado, London: SOAS, Endangered Languages Archive. URL: http:elar.soas.ac.uk/deposit/0542. Ultimo acceso en [colocar fecha acá] La colección completa se encuentra disponible.

Bien, ¿de dónde viene, entonces, la palabra “Chaltén”?

La primera referencia que podemos encontrar a esa palabra es en el diario de Antonio de Viedma. En 1780, el marino andaluz llega a las costas del lago que hoy lleva su nombre, acompañado por un grupo de patagones. En el día 21 de su diario, dice así:

Nos pusimos en camino a las 5 de la mañana y habiendo caminado hasta las 12, la mitad por pampa árida, y la otra mitad por pastizales muy altos con mucha leña, pasamos doce arroyos, que bajando de la serranía del N entran en la Laguna Grande; e hicimos alto en la cabeza del NO de ella, en un paraje que llaman Ayr, y armamos la tienda al pie de la sierra, habiendo caminado unas 6 leguas. Registrádolo todo en cuanto alcanza la vista, forma el terreno una ensenada, de sierras altas, y las de la cabeza del NO más altas, cubiertas todas de nieve, y sólo se ven unos manchones negros que los indios dijeron ser los árboles. Llegué a ellos, y hallé unos arbolitos como cerezos en el color de la corteza y en la figura de la hoja, aunque más pequeña que la de los de Europa, pero más gruesos de troncos y de ramas; tan retorcidos, que sólo para leña pudieran servir. Estaban con su fruta que era como cerezas, también de color de naranja, sin hueso y muy insípida al gusto, que a nada sabe. Cría este suelo otra fruta abundante, del tamaño de huevos de palomas, de color enteramente amarillo, sin hueso ni sabor alguno. En el fondo de esta ensenada que forman las sierras, hay dos piedras como dos torres, la una más alta que la otra, cuyas puntas muy agudas exceden todas las sierras vecinas en altura, sin nieve en ellas, y les llaman los indios chaltel. Por el N son estas sierras muy tendidas en forma de meseta como de E a O, con varias cañadas a trechos que por cada una de ellas baja un arroyo caudaloso, y manifiestan serlo muchas más. Por el S y O de la laguna, forman su costa las mismas sierras sin meseta ni salida alguna, llenas de un tejido de picachos cubierto todo de nieve, y dicen los indios que aquella parte es intransitable, y que jamás han visto -57- pasar ni para allá ni para acá alma viviente, ni creer que se halle aquí fiera alguna.

(negritas y cursivas mías) (de Viedma, Antonio (2006) [1783], Diario de Antonio de Viedma, Biblioteca Virtual Universal: Buenos Aires).

Es decir que de Viedma escuchó algo que le sonó a “chaltel” referido a unas torres que, probablemente, hayan sido las del cerro Chaltén o Fitz-Roy. Nada nos demuestra que esa palabra haya sido el nombre de ese cerro. Puede haber sido algo parecido a “qué bonito”, “dos torres”, “mire allá a lo lejos”, “fíjese, don De Viedma”… en fin.

Por otro lado, vaya uno a saber cómo de Viedma percibió esas palabras. En el mismo diario, hay una lista de “palabras del idioma de los patagones”, que están escritas quién sabe con qué criterio. Sólo como ejemplo, al “corazón” dice que lo llaman cho (la palaba que hoy se usa para ‘culo’), a la barba asquie (que hoy se dice: link al sonido).

Cien años más tarde, el Perito Moreno llega a la zona. En su propio relato de viajes podemos leer lo siguiente:

Moreno decide entonces bautizar a la montaña con el nombre de Fitz Roy, en honor a Robert Fitz Roy (‘padre’ de la meteorología moderna y capitán de la nave Beagle en la que viajó Charles Darwin) que había recorrido la zona unos 40 años antes, en 1834. Según Moreno, “el nombre de ‘Chalten’ que le dan los indios, lo aplican ellos también a otras montañas (..)” (p. 418, cursivo mío). Podemos confirmar, entonces, que Chalten no era el nombre de esa montaña. Se note que Moreno no acentúa la palabra al transcribirla.

Con respecto a lo de “montaña sagrada” (??), tampoco hay nada que lo asegure (además, nunca queda muy en claro qué significa “sagrada”). El texto de Moreno, típico de su época, pone en evidencia la “superstición” de los tehuelches, que temen a la montaña, y la confronta con la ciencia occidental (que, ya lo sabemos, bien sabe qué es un volcán, como lo demuestran las consecuencias de las erupciones del Chaitén, del cordón Puyehue o del Hudson en los últimos años). De ahí a decir que es una “montaña sagrada” hay un gran trecho. Por lo demás, la cordillera en sí no era una zona muy habitable para ellos. Hoy nos parece bonita y despreciamos la estepa, pero no es en los lagos y montañas donde se encontraba el sustento de quienes habitaban la zona. ¡Es tanto más interesante vincular a los tehuelche con lagos y montañas que con una árida estepa! De ese modo, reafirmamos la imposición de esa estética europea que nos hace decir que entre Bariloche y Viedma (o entre Esquel y Madryn, entre Calafate y Gallegos, entre Los Antiguos y Deseado) “no hay nada”.

Como último detalle, recordemos que G. Musters recorrió la Patagonia (desde Punta Arenas hasta Viedma, pasando por la meseta interior, por los corredores que son hoy la ruta 40 -sur- nacional y la ruta 23 de Río Negro) durante un año junto a un importante grupo de tehuelches. Jamás menciona una “montaña sagrada” ni un …’Chaltén’.

¿Qué sucedió entonces? Entran en juego los mismos actores de siempre: el nacionalismo, la apropiación cultural, y la ignorancia. Argentina necesitaba afianzar su soberanía en la zona. El conflicto de límites con Chile de la “Laguna del Desierto” se resolvió recién en 1994. ¿Qué mejor que utilizar para el pueblo, fundado en 1985, un nombre tehuelche? Reafirmamos la soberanía, insistimos con el hecho de que “los tehuelches son argentinos”, atraemos al turismo y, de paso, creemos luchar contra un nombre tan ‘imperialista’ como Fitz Roy, a tres años de la Guerra de Malvinas. A cambiarle el nombre al cerro entonces.

Tal vez la provincia de Santa Cruz haya querido ampliar su geografía femenina, que ya contaba con el cerro Teta (hija y madre) en los bosques petrificados de Jaramillo, colocando justo un tanto más al sur un cerro y un pueblo Tchain Tten. Ya cuando el pueblito se transformó en una meca turística, a la lengua se le agregó la decoración de “montaña sagrada” y demás, porque vende. Todo esto, sin que nadie se tomara la molestia de preguntarle seriamente a algún hablante de tehuelche si esto era cierto.

Ana Fernández Garay (2004), en su diccionario de tehuelche da la siguiente definición de la palabra:

cerro Fitz Roy Č’alten (V. č’alt)

a la voz de č’alt (p. 70) dice :

č’alt (LP) s/? dibujo en forma de serrucho, empleado para las capas. De aquí provendría č’alten, nombre tehuelche del cerro Fitz Roy

Parece una interpretación mucho más correcta. Probablemente sea al revés, que esa palabra haya significado algo como “picos, serruchos, triángulos” (vaya uno a saber), y lo reflejaran en sus capas. De todos modos no es ‘Chaltén’, en todo caso sería Tchalten, pronunciado con una /tʃʼ/ (africada eyectiva), y con el acento en la primera sílaba para no resaltar la vocal /e/… y evitar que la palabra sonara como la interpretaba Dora Manchado.

¿Y la versión de Dora Manchado, justamente? Dora interpreta la palabra como le suena: “conchuda”. La anécdota que cuenta de Hugo Giménez Agüero y Maaguer Cuaterno seguramente es cierta. No era la primera vez que me la contaba. A partir de ese indicio, yo me imagino así la historia: el cantante habrá preguntado si pronunciaba bien la palabra “chaltén” (el nombre ya circulaba) para una canción que quería componer y Maaguer Cuaterno, en vez de corregirlo, lo dejó dormir en el error. Fue como una no tan sutil venganza, tal vez hasta un guiño para sus co-paisanos.

Para ‘homenajear’ a los tehuelches, hacía falta algo que se pudiera vender al turismo, algo que hiciera más fuerte la ‘identidad patagónica’ e hiciera pisar fuerte el argentinismo. No creo, además, que Maaguer haya conocido El Chaltén. Dora Manchado lo conoció sólo un año antes de fallecer, cuando dos amigos suyos la llevaron a pasear (algo que ella recordaba con sumo cariño y alegría) “hasta allá tan lejos, donde está ese pueblo de palabra fea”.

¿El Estado quiere homenajear en serio a los tehuelche? Hay tantos modos posibles, pero parece que llamar tchain tten a un cerro es mucho más inocuo.

Javier Domingo – javier.domingo@umontreal.ca

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