Los antiguos Patagones: una contribución al estudio de las razas precolombinas de América del Sur

“Les Anciens Patagons”, Verneau, 1902.

Este libro fue editado por Réné Verneau, director del Museo Etnográfico de París, en 1902.

Una breve descripción histórica introduce toda una primera parte dedicada a las “características físicas” (talle y proporción del cuerpo, el cráneo, la pelvis, la columna vertebral y el tórax, anomalías y patologías). Se trata de interminables páginas repletas de tablas con números (el ancho del húmero, el perímetro del cúbito) e ilustraciones de huesos. A cada capítulo sigue una “conclusión” donde se intenta mostrar cuál es el tipo físico medio de estos patagones, que durante tanto tiempo fueron considerados “gigantes”.

Es interesante ver cómo la idea de “patagón” se confunde con la de “tehuelche”. La primera vez que se da la etiqueta de “tehuelche” a un esqueleto (pag. 31) se lo describe como proveniente de Choiquenilahué, es decir, cerca de Alto Río Senguerr, en el Chalía (Chubut, Argentina). Los esqueletos clasificados como “tehuelches” parecen haber sido los ideales, los que correspondían a la idea del Patagón gigante. Esta idea, entre idas y venidas, es la que permanece todavía hoy en el imaginario popular (y, desgraciadamente, también en el ámbito escolar y en tanto relato pseudo-científico): quienes no entran en esta descripción serán “mestizos” o “no puros”. La presunción de un “mestizaje” tardío cuenta también con el apoyo del estudio de restos “antiguos”: en los cementerios prehistóricos el “tipo tehuelche” se encuentra más abundantemente (p. 45).

El tipo “tehuelche” por excelencia correspondería a los esqueletos encontrados a lo largo del Río Negro, y que “aún domina entre la población tehuelche actual” (p. 60). . Sin embargo, Verneau nos dice que existe un tipo “casi idéntico al de los verdaderos tehuelches, por sus características faciales, pero que muestran en el cráneo diferencias bien netas. Parece que los dos grupos se habrían cruzado frecuentemente, y de este mestizaje han salido individuos que no se distinguen de los tehuelches si no por particulares menores” (p. 62-63). Esta identificación de un grupo que vivía en el actual Río Negro como “tehuelche” está al origen de los conflictos e ideologías alrededor de un “tehuelche del norte”, y en su identificación con el aonekkenk o “tehuelche del sur”.

En el último capítulo de esta primera parte, “los antiguos tipos étnicos de la Patagonia”, se intenta resumir las características anteriores, y se advierte que “todas las partes del esqueleto presentan variaciones”, y que “es imposible no admitir que tipos múltiples vivieron antaño en América Austral” (p. 233). Dentro de estas variaciones, “los tehuelches, queda claro, forman un grupo étnico netamente caracterizado desde el punto de vista anatómico” (p. 243). A modo de comparación, se dan algunas características – marcadamente diferentes – de un “tipo araucano” (p. 249-251). Será difícil, una vez que esta clasificación fue establecida, romper con estos esquemas.

En conclusión, el estudio supone que estos restos humanos probarían que la Patagonia había sido poblada por diferentes grupos, caracterizados por diferentes tipos craneanos: 1) dos tipos de grande talle, uno de ellos expandido a lo largo del Río Negro y del Chubut. 2) Un grupo aún mayor, que habría habitado principalmente en el Río Negro, pero del que “se encuentran representantes hasta en el Estrecho de Magallanes”. 3) Un tercer tipo, también de grande talle, común sobre todo en Chubut, pero con representado también en el Río Negro y en Santa Cruz. 4) Un último tipo de alta estatura, representado por un solo individuo, proveniente de Río Negro. 5) Un tipo de pequeño talle, de “tipo araucano”, a lo largo del Río Negro y, excepcionalmente, en Chubut. 6) Otro tipo de talle pequeño, “pero extremadamente robusto”, que habría vivido en el Chubut y en Santa Cruz. 7) Tres tipos que solían deformarse la cabeza según otros modos que los utilizados por los tehuelches.

Estos estudios de antropología física tenían como objetivo trazar un cuadro evolutivo de la raza humana, comprender los movimientos migratorios y de ocupación de los territorios. Hoy en día la antropología física o biológica está lejos de este tipo de intentos, y colabora más bien para deconstruir estos prejuicios, para mostrar los efectos del colonialismo (relevando indicadores de enfermedades o de violencia sistemática). Sobretodo, la disciplina trabaja hoy con gran atención a la ética y a la colaboración. A pesar de estos cambios, es sumamente importante comprender cómo y desde dónde fueron construidos los grupos humanos que hoy todavía luchan por un reconocimiento.

La segunda parte del libro está dedicada a la etnografía: la industria de la piedra (flechas, cuchillos, hachas, boleadoras, morteros), la alfarería (cerámica, adornos), y un capítulo dedicado a las “tradiciones y costumbres” (« moeurs et coutumes »). Este último estudio está basado en “las observaciones de los exploradores”, que nos permiten “tener una idea del tipo de vida, de las tradiciones y costumbres de los patagones preshistóricos” (p. 305). Esta ilusión, mediante la cual la antropología creía poder hacer un viaje no sólo en el espacio, si no también en el tiempo, para comprender cómo era la Humanidad en sus orígenes a partir de la observación de gente de hoy en día, es casi mágica y está muy lejos de ser científica. ¡Esas personas están ahí desde hace tanto tiempo como nosotros! Tan tentadora es esta fantasía que aún se usa, y hasta se la quiere adaptar a buenos propósitos, como la identificación de las pinturas rupestres con supuestos “tehuelches”. En fin, no es fácil deshacerse de una linda idea.

Un último capítulo presenta algunas hipótesis – a partir de los datos presentados – sobre “el origen de los Patagones”. El resto del libro son dibujos y representaciones de los restos. En este caso, las consideraciones acerca de la lengua están completamente ausentes.

Pueden descargar el archivo en el siguiente enlace :

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