La primera etnografía de los “tehuelche”: Los indios tehuelches de la Patagonia (1869)

Thomas J Hutchinson (1802 – 1885)
Más datos sobre su biografía pueden consultarse
en el sitio de la
Society for Irish Latin American Studies

Thomas Joseph Hutchinson (1820-1885) fue un cirujano anglo-irlandés. Es en su rol de médico que fue enviado al Níger en una expedición y, más tarde asignado como cónsul en Biafra. Siempre interesado por la investigación etnológica y la exploración, fue miembro de algunas sociedades científicas como la Anthropological Society, la Ethnological Society, o la Sociedad Paleontológica de Buenos Aires.

 En 1861 fue nombrado cónsul en Rosario, Argentina. Exploró la zona hasta el Río Salado (y publicó un libro sobre esa expedición), que fue la base para iniciar el cultivo del algodón en el noreste argentino (inicialmente, en Santiago del Estero). Más tarde, fue también cónsul en Uruguay, y en Perú.

Mientras era cónsul de Rosario, en 1868, envió un artículo a la Sociedad Etnológica de Londres, que fue publicado en 1869 con el título de “Los indios tehuelche de la Patagonia” (The Tehuelche Indians of Patagonia). Se trata, podemos decir, del primer artículo “científico” (noten las comillas) sobre los tehuelche que se haya escrito. Es la primera vez que se publica algo sobre el pueblo patagón a la manera que empezaba a hacer la antropología: como un compendio del modo de vida de un pueblo. Es probablemente a raíz de este artículo que la gente a quien describe empieza a ser llamada “tehuelche”.

Thomas J. Hutchinson –
La foto está tomada de una de las tapas de su libro “Dos años en el Perú, con la exploración de sus antigüedades”, disponible en línea.

En un viaje a Buenos Aires, Hutchinson conoce a un grupo de seis patagones del Chupat (Chubut), que estaban acompañando a Louis Jones (Lewis Jones, el que da su nombre a la ciudad de TreLew).  Los “tehuelche” eran: Kilcham, Yeloulk, Weasel, el ‘cacique’ Francisco (el único que hablaba castellano[1]), Kitschkskum y Waisho. (p. 313)

 El encuentro duró demasiado poco tiempo como para “descubrir sus modos y costumbres”[2]. A pesar de esto, Hutchison amplía su relato recopilando información acerca de los patagones proveniente de otras fuentes, desde Magallanes hasta d’Orbigny. De este modo, hace lo que podemos llamar la primera etnografía acerca de los patagones (que pasan a llamarse ‘tehuelches’). En esta etnografía “de escritorio”, como solía hacerse en esa época, los únicos aspectos realmente observados por Hutchison son la contextura física e, interesantemente, una impresión de la lengua tehuelche.

  El texto, que quiere ser holístico, se ocupa así de cuestiones relativas al cuerpo y la apariencia de los tehuelche (eran prodigiosos “pero tampoco son los gigantes que nos han enseñado a asociar con el nombre de Patagones”[3]), de cómo se peinan y se adornan, de sus creencias religiosas, de cómo entierran a sus muertos o celebran sus ritos.   Es interesante que también se hable de cambios en el tiempo (la adopción del caballo, la relación con otros pueblos, la reacción a los procesos de conquista).

  Hutchinson se ocupa también de su alimentación (“un Patagón consideraría una bajeza verse obligado a comer mariscos”[4]y yo soy testigo de que es algo que perdura todavía hoy), de la división del trabajo (las mujeres “hacen todo el trabajo duro”[5]), y de la organización social y económica (ay, esa costumbre de enterrar con el muerto todas sus pertenencias e inclusive matar sus animales “los obliga a permanecer siempre pobres”[6]). También nos describe rasgos de su carácter (son “altivos, independientes, leales a sus promesas”, aunque – justamente – “no con los cristianos”[7]). A pesar de ser “buenos padres y buenos maridos”, parece que “dejan todo el trabajo a sus mujeres”. Al menos “jamás son brutales o rudos” con ellas.[8]

En esta descripción, también se ocupa de la lengua, y nos da una información de primera mano: “a mí la lengua, cuando los escuchaba conversar, no me parecía ‘dura’ como la describe Alcide d’Orbigny, si no que me llegaba al oído con una suavidad italiana.”[9]

 A pesar de que Hutchinson parece gustarle cómo suena el tehuelche, se contradice más adelante en el texto cuando dice que “la lengua de los patagones no tiene afinidad con la de los aucas, ya que este último idioma es muy dulce y armonioso, mientras que el de los tehuelches es duro.[10] En este caso, pareciera que esta referencia viniera de otros autores, porque en una nota a pie de página aclara: “no es necesario repetir que la lengua que hablaba el grupo de tehuelches que encontré en Buenos Aires parecía más bien agradable, y no áspera ni ruda”[11]

La lengua es usada como modo de “identificación” de este pueblo. Hutchinson utiliza la comparación de la lista de palabras de Pigafetta (el cronista del viaje de Magallanes, que las obtuvo en la nave, de la boca de un patagón secuestrado en San Julián) que hizo d’Orbigny con la suya, y las presenta en este cuadro (p. 315):

(las palabras en francés son: joven, ojo, nariz, boca, diente, oreja, trasero, mano)

 Como las palabras son muy similares, deducen que se trata del mismo pueblo. En realidad, nada nos muestra que esas seis personas que Hutchinson conoció usaran esta misma lengua.

Las demás consideraciones siguen las de los otros autores: “El dialecto patagónico difiere por completo del de los Puelches en sus bases, pero es algo parecido en sus formas. Es acentuado y gutural como aquél, pero menos monosilábico, y menos áspero. Contiene menos sonidos complicados de consonantes. Las únicas que son ásperas son jr, como la j castellana, con su sonido gutural. En lo que respecta a lo demás, hay pocas palabras que terminan en consonantes. De hecho, sólo las siguientes: em, ex, es, ar, el, et, in, it, ec. La u nasal se usa poco, la ch francesa a veces. La f y la v no existen para nada.

Los nombres de las diferentes partes del cuerpo no se desvían particularmente de las reglas generales, como podemos ver por las siguientes palabras: capenca[12], mejillas : guter, ojos : téné, orejas.

 La letra k se usa ampliamente. Los adjetivos son declinables. El sistema de contabilidad es decimal, y suma hasta 100.000 pero, igual que en el Puelche, los nombres 100 y 1000 son tomados prestados de la lengua de los incas[13]. El dialecto patagónico en su dureza parece tener relación con el de los fueguinos.”[14]

Lo más interesante de toda esta discusión acerca de la lengua de los patagones tiene que ver con la interpretación que Hutchinson hace al final de su texto. D’Orbigny, dice, era un monogenista convencido. Aún admitiendo que estas deducciones fueran correctas, “parece más bien difícil admitir una relación entre los Mbcobis [mocovíes] (…) y los tehuelches. Esto, sobre todo, si la analogía física se infiere a partir de la supuesta similitud en la suavidad de sus respectivos dialectos”.[15]

 La (dispar) comparación del grupo de patagones del que se habla con los mocovíes estaba sustentada en una foto, que no aparece publicada. Parece que no es lo único que falta: en un inquietante pasaje, Hutchinson aclara que “el pelo, que acompaña la presente, es de la cabeza del cacique Francisco, y fue obtenido para mí por Mr. Jones.”[16]

Javier Domingo


[1] “Francisco is the only one of the lot who understands the Spanish language.” (p. 324)

[2] “In such a short conference as I had with them, it was impossible to discover much of their manners and customs.” (p. 313)

[3] The bulk of body in the cacique, Francisco, and the hunter, Kilcham, was, to say the least, prodigious, but not at all of that gigantic stature which we have been taught to associate with the name of Patagonian. (p. 313)

[4] “Essentially a landsman, the Patagonian would consider it a debasement to be obliged to eat shell fish.” (p. 322)

[5]  “(…) their women, who do all the hard work” (p. 314); y también: “(…) the women, who alone are charged with the work of the menage” (p. 322)

[6] “The Patagonians believe in a future state, where they expect to enjoy perfect happiness. Thence comes with them the custom of interring with the dead their arms and jewellery, as well as killing on the grave all the animals which belonged to him, in order that he may have them again in the world of happiness to which he has gone. This last custom presents an insurmountable barrier to all civilisation, for never preserving anything of what they collect, they must remain always poor, and therefore cannot increase the flocks that serve for their nourishment” (p. 323)

[7] “The moral character of the Patagonians is in most respects like that of other Southern nations, haughty, independent, faithful to their promises made between one another, and obliging to each other in their mutual relations. But towards Christians they are false, deceitful, rancorous, dishonorable, for they are educated to be thieves.” (p. 321)

[8] “Although good fathers and good husbands, they nevertheless leave all the daily work and labour to their wives, but they are never brutal or rough towards the partners of their joys and sorrows” (p. 321).

[9] “To me, their language, as I heard them conversing, did not sound ” hard”, as Alcide D’Orbigny describes it, but fell on the ear with an Italian softness.” (p. 314)

[10]  “By their language the Patagonians bear no affinity with the Aucas, the idiom of these latter being very sweet and harmonious, whilst that of the Tehuelches is hard.” (p. 323)

[11] It may be needles to repeat, that the language spoken by the group of Tehuelches, whom I met at Buenos Ayres, seemed to be rather mellifluous than harsh or rude.” (p. 324)

[12] Podemos suponer que la palabra en cuestión en realidad es qqáapenk (rojo).

[13] Se refiere, en realidad, al quechua. Probablemente estos números (pataq, warrank) sean un préstamo quechua, a través del mapudungun.

[14] The Patagonian dialect differs entirely from that of the Puelches in its bases, but is somewhat similar in its forms. It is accentuated and guttural like the latter, but less monosyllabic, and less harsh. It contains few complicated sounds of consonants, the only ones which are harsh being jr, as well as the Spanish j, in all its guttural sound. For the rest there are few consonants which terminate words, or in fact only the following : -em, ex, es, ar, el, et, in, ip, it, ec. The nasal u is little used, the French ch sometimes, the / and v do not exist at all. There is no particular deviation from rules in the names given to different parts of the body, as we can see by the three following words : – Capenca, cheeks : Guter, eyes : Tene, ears. The employment of the letter k is general. The adjectives are declinable. The system of counting is decimal, and mounts up to 100,000, but, as in the Puelche idiom, the numbers 100 and 1000 are borrowed from the language of the Incas. The Patagonian dialect in its hardness seems to have relation with that of the Fuegians.” (p. 321)

[15] “That D’Orbigny belonged to the monogenists is evident (…) Even allowing the correctness of his deductions, it seems rather difficult to reconcile much relation between the Mbcobis (Macobies) of whom here is a photographic sketch, and the Tehuelches accompanying

this. More particularly when the physical analogy is inferred from supposed similarity of softness in their respective dialects.” (p. 324)

[16] “The hair, which goes herewith is from the head of the cacique Francisco, and was obtained for me by Mr. Jones.” (p. 324)

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