Preguntas (1): lengua tehuelche y pueblo mapuche – a)

En las presentaciones del trabajo de documentación etnográfica de la lengua tehuelche que hicimos en Bariloche, Comodoro Rivadavia, El Calafate y Río Gallegos nos hicieron algunas preguntas interesantes. Por ejemplo, se insistió varias veces sobre esa idea que los mapuches son indios “que vinieron de Chile” y que fue sobre todo por esa “invasión” que la lengua tehuelche se fue perdiendo. Vamos a discutir algunos puntos de esas ideas.

En primer lugar, vamos a hacer unas consideraciones de tipo geográfico. Ante todo, pensemos en la idea que la Cordillera de los Andes es una “frontera natural”, como se repite a menudo desde los dos países. Es así, entre otros ejemplos, como se presenta Chile en un video a los pasajeros que llegan al país en avión:

Extracto del video ‘Declara, Chile es responsabilidad de todos’

Chile pareciera ser un territorio “aislado” entre la Cordillera y el Pacífico – que incorpora la isla Rapa-Nui vaya uno a saber por cuál capricho marítimo. Los productos agropecuarios presentados (manzanas, uvas, limones, naranjas) son, nótese, todos de origen foráneo, como también el producto de su elaboración (el vino). En realidad, la Cordillera ni es una frontera ni es una línea “natural”. En el extremo sur, de hecho, los límites entre Chile y Argentina están invertidos. La ciudad chilena de Puerto Natales está al este de la cordillera, como bien puede verse en este foto y en este mapa:

Ubicación de Puerto Natales, Región de Magallanes, Chile. La cordillera está hacia el poniente.
Vista de la costanera de Puerto Natales hacia el oriente. Puede verse la puesta del sol detrás de la Cordillera de los Andes.



Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina. Foto tomada al amanecer, nótese que la Cordillera de los Andes está al oriente de la ciudad.

Por otro lado, la ciudad argentina de Ushuaia está no solo a occidente de la cordillera, si no que está también sobre el Océano Pacífico, que recibe el nombre más suave de “Canal de Beagle”, entre otras cosas, para no poner de relieve este hecho.

Mapa de Tierra del Fuego. La ciudad de Ushuai (Argentina), si bien se considera que está sobre el Canal de Beagle, está sobre la costa del Océano Pacífico.

Imperio Romano durante el período de Adriano. Al centro, el Mare Internum o Mare Nostrum.

La geografía no es de por sí ninguna “barrera”, ni constituye frontera alguna. Los que construyen o delimitan las fronteras son los seres humanos, no las rocas ni las aguas. Nuestra idea de “límite geográfico” puede variar según el uso que le damos a un territorio. Los romanos llamaban “Mare Nostrum” (nuestro mar) o “Mare Internum” (mar interior) al Mar Mediterráneo que, justamente, quiere decir “que está en el medio de la tierra”. Esa agua que hoy parece separar dos mundos tan distintos como Europa (presuntamente cristiana) y el Norte de África junto al Cercano Oriente (presuntamente musulmanes), fue en otro tiempo precisamente lo que mantenía unido al Imperio Romano. Era la navegación de ese mar lo que facilitaba la comunicación entre las distintas provincias.

Mesopotamia argentina.

Otro ejemplo: la llamada “Mesopotomia Argentina”, es decir, la región dividida hoy entre las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, fue considerada “aislada” del resto del territorio argentino, hasta que se construyeron los puentes sobre el Río Paraná (y un túnel debajo), ya bien entrado el siglo XX. Sin embargo, fue precisamente la existencia de esos enormes ríos (Uruguay, Paraná, Iguazú o Yguasú) lo que facilitó durante siglos el desplazamiento de las poblaciones que habitaron ese territorio (y de las lenguas que hablaban) antes de que para movernos necesitáramos de los camiones y los autos.

En fin, no hay nada que nos diga que la Cordillera pueda ser considerada una “frontera”. El mejor de los ejemplos es el área de la Puna. Esa zona, dividida hoy entre Bolivia, Chile y Argentina, es considerada por todos como un “área cultural” (signifique eso lo que signifique). En este caso no parece importar que las montañas en ese sector de la cordillera tengan una altitud de entre 5000 y 6000 metros.

Región Geográfica de la Puna.
Salinas Grandes, Puna, Jujuy (Argentina).

¿Por qué entonces deberíamos considerar dos áreas completamente diferentes a la Patagonia Oriental de la Patagonia Occidental, si las montañas de esa zona raramente superan los 2200 metros? La idea de “frontera natural”, por lo visto, obedece más a caprichos ideológicos que a caprichos geográficos.

No hay que olvidar tampoco que la cordillera es frontera entre Argentina y Chile sólo en el sur. En el norte, la verdadera frontera corre por la línea divisoria de las aguas: las aguas que van hacia el Atlántico marcan el territorio argentino, y las aguas que van hacia el Pacífico marcan el territorio chileno. En la Patagonia, como es sabido, quiso aplicarse el mismo criterio, pero un “experimento” del Perito Moreno demostró que el correr de las aguas puede modificarse. Moreno desvió un arroyo para mostrar que la línea divisoria de las aguas no era “confiable”. Es por eso que existen ríos en territorio argentino, como el Manso, que desembocan en el Pacífico. Con el criterio de Cordillera = frontera, la zona de los lagos Mascardi, Guillelmo, Steffen, y el valle del Río Manso (entre otras), serían parte del territorio chileno.

Río Manso (Río Negro, Argentina)
Cuenca de los Ríos Manso y Puelo (Río Negro, Argentina), X Región (Chile).

Más allá de la idea de frontera, si queremos sostener la idea de que un pueblo “viene de Chile” tenemos que pensar en qué entendemos por “Chile”. Los territorios del extremo sur de América jamás fueron conquistados por España, y por eso es muy difícil establecer cuáles eran las fronteras de las divisiones administrativas del Imperio Español en esa zona. De todas maneras, si adoptamos como criterio las separaciones del Imperio Español, estamos reconociendo que usamos un sistema extranjero y totalmente ajeno a la geografía humana del continente. Es por eso que los argumentos que por un lado hablan de “frontera natural” y por el otro de “fronteras de las regiones españolas” resultan tan incongruentes.

Le Chili divisé en ses régions, Nicolas Sanson , 1669.

A pesar de no poder establecer con seguridad cómo se dividían los españoles un territorio (la Patagonia) que nunca fue de ellos, podemos saber algunas otras cosas que sirven para aclararnos lo que estamos discutiendo. Por ejemplo, que la Capitanía General de Chile tenía bajo su jurisdicción a las provincias de Cuyo (lo que hoy es parte de las provincias argentinas de Mendoza, San Juan, San Luis, y algunas zonas de Córdoba). Estas regiones pasaron a depender de Buenos Aires recién con la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Es decir que durante prácticamente toda la época colonial “venir de Chile” significaba también venir de San Luis o de Mendoza, tan argentinas que hoy se nos presentan esas ciudades.

Provincias “argentinas” en 1816.

Durante la mayor parte del período colonial, las provincias argentinas fueron parte del Perú. Los argentinos tienden a pensar que el territorio de su república es heredero del Virreinato del Río de la Plata, una entidad administrativa que existió de 1776 a 1810. Es decir, que sustentan sus pretensiones territoriales a partir de un período de tan solo 34 años, un soplo en la Historia. En 1816 un grupo de delegados de las provincias de Buenos Aires (que en ese entonces llegaba hasta, como mucho, 50 kilómetros al sur de esa ciudad), Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, Santiago del Estero, Tucumán, Mizque, Charcas, Chichas y San Luis (en realidad, sin diputados presentes) declaró la Independencia de España. Nótese la ausencia de representantes tanto de la Patagonia como del Chaco (por ese entonces bajo dominio indígena), además de las de Santa Fe, Entre Ríos y, obviamente, Misiones y Formosa – una adhirió más tarde y la otra fue conquistada por la fuerza. Por el contrario, desde ese entonces, se ha pretendido que las provincias hoy bolivianas (Charcas, Chichas y Mizque) nunca han sido parte del territorio. Teniendo en cuenta todo lo que hemos visto, y a partir de este momento de 1816, en que performativamente se crea la República Argentina mediante un acta, (y se la separa definitivamente de Chile), ¿con qué razón atribuimos la etiqueta de “indios chilenos” a un grupo de personas, e “indios argentinos” a otro? Por si hiciera falta, recordemos que fueron grupos que no participaron de esas creaciones, ni tampoco se les consultó.

Pretender, por otro lado, que los pueblos y los territorios son una misma entidad – cómo explicarlo – no tiene absolutamente ningún sentido. La llegada de los europeos a América trajo consigo una enorme reordenamiento de los grupos humanos (y de las lenguas que hablaban), tanto de los conquistados y como de los no conquistados. Ya los Incas habían forzado, con su sistema de yanas y mitamaes, el desplazamiento de pueblos enteros hacia territorios distantes a veces más de 2000 kilómetros. La variedad de quechua que se habla hoy en Santiago del Estero (Argentina) es, por eso, más parecida a la variedad del Cusco que todas las demás lenguas entre las dos regiones.

Turquía, hoy. La capital, Estambul, fue durante 1200 años capital del Imperio Bizantino, y sede de la Iglesia Ortodoxa.

Los españoles continuaron con ese modelo, hicieron la guerra para apropiarse de otros territorios, trajeron pestes que diezmaron literalmente a la población (sí, se calcula que un 90% de la población americana desapareció en los primeros años de la invasión). ¿Qué sentido tiene pretender hoy que los pueblos indígenas estén en el mismo territorio que hace 500 años? Esta idea suena aún más absurda si quienes lo pretendemos somos parte de esos “otros” que no son indígenas. Vayamos a otro ejemplo más. Por los años en que España y Portugal conquistaban América, el Imperio Romano de Oriente o Bizancio cayó en manos de los turcos, que para ese entonces más que turcos era un conjunto de pueblos bajo el mando turco. Hoy en día, gran parte de ese Imperio Bizantino es Turquía, donde la lengua mayoritaria es el turco. A nadie se lo ocurriría por eso decir que “los turcos vinieron de Rusia”.

Está visto que pensar a la Cordillera de los Andes como una frontera, y decir que hay “indios que son de acá e indios que son de allá” es sencillamente falso. A este razonamiento, vamos a agregarle algunas consideraciones lingüísticas que muestran que tampoco tiene sentido decir que “los mapuches desplazaron a la lengua tehuelche”.

Javier Domingo

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