Diccionario hablado: seguimos trabajando

En mayo de 2018 Dora Manchado y yo (Javier Domingo) hicimos un trabajo de documentación para hacer un “diccionario hablado”. Se trataba de ir grabando toda una serie de palabras para que despuės pudieran usarse como diccionario sin tener que usar la escritura, si no escuchando direcamente las frases o palabras.

Una de las primeras cosas que hizo el Estado en su “proceso de revitalización de la lengua” es darle un alfabeto. Este intento de modelar las lenguas según las ideologías lingüísticas que se usan para las lenguas mayores trajo varios problemas. Por otro lado, no había nada para leer. El alfabeto se fue ajustando según la práctica, según los hablantes, según las necesidades, según todo. Entre otras cosas, es por eso que el diccionario hablado es una excelente idea. La escritura en este caso va a servir como soporte secundario.

Probablemente no haya nada más aburrido que leer un diccionario. A pesar de eso, el trabajo fue sumamente divertido. Para Dora, que no usaba cotidianamente su lengua, era como mirar fotos. Cada palabra le traía un recuerdo, como ya escribí alguna vez:

  • Gaiaqqeshkke ‘em gato dice acá, Dora. ¿Gaiaqqe quiere decir “cariñoso”? 
  •  ¿Y qué gato sería ese? Uno peludo que tenía yo sería, que siempre echado encima de mí andaba. 
  • Ol’aijj, Dora, ¿qué quiere decir? 
  • Gómez era. Así le decían, porque era ol’aijj, bien chata la nariz tenía. Venía cortando mata negra por el campo, y mamá se la compraba a veces.
  • Tchaito sh emqe, dice acá.
  •  ¿Y quién habrá dicho eso? La María no, si no fumó nunca la María.

El trabajo resultó, por suerte, mucho más complicado de lo que nos imaginábamos, porque al crear contextos comunicativos que desencadenaban contextos comunicativos reales, Dora empezó a hablar mucho más de lo que habíamos pensado.

Poco tiempo después de haber comenzado el trabajo, recibimos la buena noticia que nuestra solicitud de financiamiento y apoyo al ELDP-SOAS había sido aprobada, y nos concentramos en la documentación etnográfica de la lengua, que pudimos ya terminar.

La tarea específica de hacer el diccionario requiere volver a escuchar todos los audios, corregir el sonido, recortar las palabras, clasificarlas, anotarlas. Se necesita, además, usar programas (software) especiales para entender cosas que no entendemos. No es tan fácil identificar un sonido. Nadie en el mundo, por otro lado, pronuncia la misma palabra de la misma manera en dos contextos diferentes. Al trabajar en las condiciones que trabajábamos, las cosas se complican todavía más.

¿Es válido anotar una lengua a partir de una sola hablante? Creemos absolutamente que sí, por un montón de razones. La más importante es que la gente que trabaja en recuperar su lengua ve a Dora Manchado como la referente. Su pueblo le daba la autoridad necesaria, y nosotros no vamos a juzgar lo contrario.

Participaron en la construcción de este material, además de Dora Manchado y de mí, Nicolás Arias García, Tommy Berger, Nicolas Duval del departamento de antropología de la Université de Montréal, bajo la supervisión de Kevin Tuite.

El diccionario se va a hacer gracias al Living Tongues Institute y a Anna Luisa Daigneault. Tuvimos el apoyo del Endangered Language Fund para pagar el trabajo de Dora – ella eligió hacer reformas en su casa donde colaboraron algunas personas de la comunidad.

En cuanto avancemos un poco más, vamos a publicar la primera parte.

Javier Domingo – javier.domingo@umontreal.ca

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