Wikipedia sobre la lengua aonekko

Wikipedia, “la enciclopedia libre” se ha transformado en la fuente de información más usada en el mundo. Gracias a su aliado, el buscador Google, cualquier información que uno busque en internet va a aparecer primero en su versión Wikipedia, si es que existe una página relativa.

Schermata 2018-05-05 alle 19.18.10Es interesante observar entonces qué dice la enciclopedia sobre la lengua aonekko o tehuelche, como era de esperarse que figurara.  Wikipedia varía según la lengua, y a veces aparecen cosas muy diferentes en otro idioma.

Al día de hoy, 26 de abril de 2018, existen 11 artículos sobre la lengua: en castellano, alemán, inglés, francés, coreano, holandés, ruso, sueco, finés, gallego, piamontés, bretón. Por supuesto, y tristemente, ningún artículo habla del uso actual de la lengua, que es considerada “muerta” por casi todos. La versión en coreano y la versión en gallego son las únicas que, si bien no hablan de una reclamación de lengua, al menos muestran un enlace a un video sobre la recuperación.

Entre toda esta información es imposible hacerse una idea precisa sobre la lengua. A veces está “muerta”, a veces hay cuatro hablantes,  a veces uno, a veces doscientos. En general parece que los tehuelche son un pueblo que proviene de Chile.

Hace ya algunos años que se habla de “re-emergencia” del pueblo tehuelche, y de “revitalización” de la lengua. Nada de esto se ve reflejado en la información circulante. Es de esperar que estas páginas se vayan corrigiendo. Por lo pronto, también es importante llevar un registro de lo existente al día de hoy. Es por eso que en este artículo van a poder encontrar los enlaces a las páginas como están hoy registradas.

Schermata 2018-05-05 alle 18.05.40En castellano, la página se llama “idioma tehuelche” . Es el artículo más extenso de todos. No habla del estado actual de la lengua, pero en el recuadro informativo (ver acá al lado) dice que “no está en los 100 mayores” idiomas del mundo. Vaya novedad.

Las fuentes bibliográficas son dos artículos de Ana Fernández Garay y uno de Viegas Barros del trillado título “voces en el viento”.  Hay algunas listas de palabras (los numerales y algunas otras), escritas con una ortografía no aprobada por los aonekkenk. Pueden descargar la página en este

enlace : Idioma_tehuelche

En francés el artículo sí dice que “la lengua la saben aún algunas personas mayores, pero no es un vector de comunicación entre los tehuelches“. En su introducción, usa el presente : “el tehuelche o aonek’o ‘a’ien es una lengua chon.

Le tehuelche (autonyme aonekʾen ʾaʾjen, la langue du Sud) est une langue chon parlée en Argentine, dans la province de Santa Cruz, en Patagonie, entre le rio Santa Cruz et le détroit de Magellan.

La langue est encore connue de quelques personnes âgées, mais elle n'est plus un vecteur de communication parmi les Tehuelches2.

Las fuentes bibliográficas son Ethnologue (Ver artículo sobre Ethnologue en este blog) y dos artículos de Ana Fernández Garay. Pueden descargar la página en este

enlace : Tehuelche_(langue)

En inglés (Tehuelche Language) dice que la lengua (conocida también como aoniken, inaquen, gunua-kena o gununa-kena) es uno de las lenguas chon de Patagonia. Sus hablantes “eran” cazadores nómades que ocupaban un territorio en lo que hoy es Chile, al norte de la Tierra del Fuego y al sur del pueblo mapuche. También se conoce como aonikenk o aonek’o ‘a’yen.

Tehuelche (Aoniken, Inaquen, Gunua-Kena, Gununa-Kena) is one of the Chonan languages of Patagonia. Its speakers were nomadic hunters who occupied territory in present-day Chile, north of Tierra del Fuego and south of the Mapuche people. It is also known as Aonikenk or Aonek'o 'ajen.

Pueden descargar la página en este

enlace : Tehuelche_language

En coreano (떼우엘체어) dice que sólo quedan unas 200 personas tehuelches que viven como pueblo aparte,  que no se sabe exactamente cuánta gente hoy maneja la lengua, pero que al menos hay una persona, que está cercano el abandono de la lengua.

Lo interesante de este artículo es que hay un enlace a un cortometraje de Martín Subirá, en su título en inglés “Recovering Process of the Tehuelche Language”. El cortometraje puede verse desde acá : https://vimeo.com/39994179

También es interesante que en inglés el “proceso” reciba un nombre más adecuado que el impulsado por el Consejo Provincial de Educación de la provincia de Santa Cruz (Argentina) : usa ‘recovering’ (recuperación) en lugar de ‘revitalización’. El artículo de wikipedia en coreano puede bajarse desde este

enlace : 떼우엘체어

Tehuelche (taal), el artículo en nederlandés (u holandés) dice que “el tehuelche es una lengua casi extinta, hablada por cuatro personas en la Patagonia. Provienen de un grupo de doscientas personas, que originariamente eran cazadores chilenos. (…) En 2005 sólo quedaba un grupo de veinte personas, hoy hay sólo cuatro hablantes reconocidos“.

Como pueden ver, cada idioma cuenta algo distinto. Pueden descargar el artículo en este

enlace : Tehuelche_(taal)

En ruso (Теуэльче язык) la lengua recibe los mismos nombres que en inglés. Se dice que “es” (en presente) una lengua hablada por las tribus de los tehuelches (aonikenk o aonek’o ‘ajen) en la zona central de la provincia de Chubut en Argentina, que eran cazadores nómades provenientes de Chile, pero casi todos pasaron al idioma mapudungun.

Parece ser que para los que leen en ruso, los hablantes de tehuelche como primera lengua murieron entre 1960 y 1970.

Pueden descargar el artículo desde este

enlace : Теуэльче_(язык)

El artículo en sueco es una mezcla de lo anterior. Quedan cuatro personas que hablan la lengua, el grupo es de 200 personas, y se trata de cazadores chilenos.  No es un texto elaborado, si no que es apenas una frase hecha probablemente para aumentar el número de artículos en sueco (hay una fuerte competencia entre las lenguas para ver cuál tiene más artículos en Wikipedia). Pueden descargar el artículo desde este

enlace : Tehuelche svenska

Lo mismo sucede con el artículo en piamontés, hecho seguramente sólo para publicitar esa lengua. En su sencillez, es uno de los menos negativos :

a lenga tehuelche o Tehuelche a fa part ëd le lenghe chon e a l'é parlà dzortut an Argentin-a.

(La lengua tehuelche o Tehuelche forma parte de las lenguas chon y es hablada sobre todo en Argentina). Pueden descargar este pequeño texto en el siguiente

enlace : Lenga_tehuelche piem

El artículo en bretón (teheweltcheg) son sólo dos frases. Una, para decir que es una lengua hablada por cuatro personas en la Patagonia, la otra para decir que es un lengua muerta.

Pueden bajar el artículo en este

enlace : Teheweltcheg. brezhoneg

El artículo en gallego (linga tehuelche) seguramente obedece a las mismas razones que los tres anteriores, pero es bastante completo. Tiene la lista de palabras copiadas del artículo en castellano, tiene el enlace al video de Martín Subirat, y dice que en el año 2000 quedaban 4 hablantes vivos. Sin embargo, usa el pasado :

foi falada polo pobo tehuelche meridional ou aónikenk da Patagonia.

(fue hablada por el pueblo tehuelche meridional o aónikenk de la Patagonia). Pueden descargar el artículo en este

enlace : Lingua_tehuelche gl

Por último, en finés (Tehuelchen kieli) unas pocas líneas dicen que los últimos hablantes desaparecieron entre 1960 y 1970, y que el pueblo tehuelche pasó al castellano. Estas informaciones provienen del sitio Ethnologue.

Pueden descargar el artículo en este

enlace: Tehuelchen_kieli

 

 

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Los diálogos de Martine Delahaye (Luisa Pascual y María Manchado) de 1986.

Schermata 2018-05-05 alle 17.51.21Son estos unos diálogos entre Luisa Pascual y María Manchado registrados por Martine Delahaye en 1986. La lengua prácticamente no se usaba como medio de comunicación cotidiano. Delahaye, entonces, para juntar material juntó a estas dos personas (que no tenían relación) para que conversaran y así mejor poder describir la lengua.

Años más tarde, Ana Fernández Garay analizó esos textos y los desgrabó con la ayuda de Dora Manchado, hermana de María.

Es ésta la introducción al libro:

Los textos tehuelches que hoy se publican fueron registrados por Martine Delahaye en el ano 1986, un año y medio después de que ambas viajáramos por primera vez a la provincia de Santa Cruz, en septiembre de 1983, para llevar a cabo la etapa inicial de la recolección de material lingüistico tehuelche, dentro del proyecto de rescate de esta lengua que tenia por objeto describirla en sus distintos niveles, etapa que finalizó en junio de 1984. El segundo trabajo de campo de Delahaye en Santa Cruz, con el fin de recolectar mas material para su tesis doctoral, se dio en el momento en que me encontraba en Francia finalizando la tesina para optar al Diplôme d'Études Approfondies de Linguistique (DEA), obtenido en noviembre de dicho ano en la Universidad Paris V.
Delahaye habia cursado estudios de Lingüística en la Universidad de Angers, siguiendo algunos seminarios con Anne Marie Houdebine, quien propuso algunos ajustes interesantes al modela de la sincronia dinámica planteado por Martinet (1975, 1989). Alli escuchó las clases que el Dr. Christos Clairis dictaba regularmente para los estudiantes de Lingüistica. Posteriormente, se trasladó a Paris, donde, con la dirección de Clairis, obtuvo su DEA en el ano 1983. Ese mismo ano se trasladó con una beca a la Patagonia argentina con el objetivo de recolectar ma-terial lingüistico tehuelche para su tesis doctoral. Cuestiones de índole personal la llevaron a abandonar sus estudios doctorales. Actualmente se desempena como periodista en el diario Le Monde,en París.
Durante el segundo viaje de Delahaye a la Patagonia, ya habia dejado de existir uno de los hablantes mas eficientes, Luis Cuaterno, quien habia fallecido en diciembre de 1985. Las hablantes que se escuchan en sus grabaciones son Maria Manchado y Luisa Pascual, dos de las que habían cooperado con la recolección durante 1983 y 1984. Rosa Vargas, la hablante mas fluida de la primera etapa, ya no colaboró en este periodo. Otra consultante visitada en el ano 1986 fue Luisa Murga, pero las escasas grabaciones que registré Delahaye durante su estadia en Tres Lagos, lugar donde aquella residía, no fueron consideradas para esta publicación porque los diálogos son poco claros, ya que la informante habla en voz muy baja y es poco lo que se le, puede entender cuando toma la palabra.

Un párrafo más abajo, ya dice lo siguiente:

2. Los tehuelches 
Los tehuelches o aonek'enk habitaron el sur de la Patagonia argentina y chilena (...)
Es decir, a pesar de haber estado trabajando con ‘tehuelches’ hasta la edición del libro, se los elimina (“habitaron”) dos renglones más abajo.
Estos diálogos, a menudo pícaros (casi obscenos) son ricos de vocabulario cotidiano, a diferencia de los textos de Suárez, que privilegia los mitos (lo que A. Fernández Garay y la MEIB de Santa Cruz llaman “narrativa”). Es decir, se trata de otro uso de la lengua, completamente diferente, y precisamente por eso son sumamente interesantes.
Como siempre, ya vamos a ir comentándolos más en detalle. Por lo pronto, pueden descargar el archivo en este

El documental del Canal Encuentro ‘Guardianes de la lengua’.

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En noviembre de 2017, el canal estatal Encuentro mostró un documental sobre la “guardiana de la lengua” aonekko, Dora Manchado.  En el programa, además, un grupo de gente de la comunidad cuenta su relación con la lengua y muestra su interés en la recuperación. Hay una entrevista a Ana Fernández Garay, y otra a Marcela Alaniz, de la Modalidad Intercultural Bilingüe del Consejo Provincial de Educación (Santa Cruz), que colaboraron con la producción. De más está decir que la lengua es llamada ‘tehuelche’, por decisión de la producción y el canal, y en contra de los deseos de la comunidad.

El documental, bien narrado y con bonitas imágenes, repite todos los lugares comunes posibles acerca de las lenguas en peligro. En especial, el avance concentra en un minuto todo lo que no debería decirse sobre una lengua.

La lengua como  ‘legado precioso’ abre las imágenes. Le sigue la idea de “lengua ancestral”, un concepto sin ningún sentido. Todas las lenguas del mundo tienen la misma edad. La palabra “ancestral”, entonces, no puede referirse a la edad. No puede ser un sinónimo de “antiguo”. Si, por otro lado, lo que se quiere decir es que es la lengua de los ‘ancestros’, también está equivocado. En primer lugar cualquier lengua es la lengua de algún ancestro. Pero esto también es inexacto, porque todas las lenguas van cambiando y nadie habla de la misma manera de sus ancestros. Lo más grave es que este tipo de frases, de tanto impacto sensacionalista, barren de un plumazo la idea de recuperación. Se note la diferencia entre “la lengua ancestral del pueblo tehuelche” y “la lengua del pueblo tehuelche”.

 Más adelante, se ilustra la ‘transmisión’ como relativa a un objeto, y se muestra la documentación como una colección de palabras, y no de usos. En un minuto barre de un plumazo el trabajo antropológico y comunitario que se está haciendo de a poco en función del uso social de la lengua.

La definición de lengua está dada desde afuera: la competencia lingüística de una persona depende de los especialistas en el tema, y no de los hablantes.  El video comienza con una entrevista a Ana Fernández Garay, la lingüista argentina que más se ha dedicado al estudio de la lengua, donde dice que “la única persona que hoy queda es Dora Manchado”. La construcción de una “última hablante” parte desde los expertos, no de los hablantes y no de gente de la comunidad. Lo mismo sucede con la definición de “lengua”, que puede variar según cada comunidad de hablantes. En este caso, la definición de “lengua tehuelche” se da en un café de Buenos Aires.

Las ideologías lingüísticas son pasadas por alto, y las actitudes son una serie de lugares comunes. Se habla de que “nuestros mayores no quisieron enseñarnos la lengua para protegernos” sin un mayor análisis antropológico de cuáles son las representaciones puestas en escena. Hacer una etnografía de las actitudes e ideologías lingüísticas, más bien, no es sencillamente repetir lo que la gente dice si no observar lo que hace, y ponerlo en contexto.

La lengua deviene una excusa. Todos hablan alrededor de la lengua, y nadie habla de la lengua, mucho menos en lengua. Las pocas veces que sucede es de la boca de Dora Manchado en forma de ‘colección de palabras’, algo que nada tiene que ver con los usos lingüísticos. Anotar algunas palabra en una libreta no es un usar la lengua. Para colmo, esas palabras son números o colores, dos áreas semánticas clásicas en antropología por la diferencia de percepción que existe entre las lenguas. Sin embargo fueron las únicas palabras que merecieron ser ‘coleccionadas’.

En otro momento del video hay un par de saludos fuera de contexto. En una “clase de lengua” en una oficina del Minsterio de Educación de la provincia de Santa Cruz se llega al punto de mostrar una profesional, la antropóloga Marcela Alaniz (¡que no conoce la lengua!), que simula frente a las cámaras enseñar a saludar a personas de la comunidad.  Es un material interesantísimo para observar y para criticar con seriedad. Por ahora, les dejo este comentario (el mismo que sigue al artículo ‘manual de lengua’).

Pueden ver el documental en este enlace : https://www.youtube.com/watch?v=79S4UyOqBjw (consultado el 30 de abril de 2018)

La mayoría de las lenguas autóctonas está desapareciendo. El fenómeno es conocido desde hace bastante tiempo, pero sólo en la década del ’90 la comunidad científica empezó a actuar seriamente, promoviendo una serie de iniciativas como la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, programas de documentación y una campaña de difusión que, no muy existosa, intenta colocar el tema de las “lenguas en peligro” en debates más amplios como la colonización, la globalización y el ascenso del capitalismo mundial.

El movimiento de alarma ha creado una retórica tomada sobre todo de la ecología: el cambio climático y la desaparición de especies. El uso de metáforas como “la muerte de las lenguas” o “la revitalización lingüística” hace que a menudo se olvide que las lenguas no son organismos biológicos, si no construcciones sociales que no pueden separarse de las personas que las hablan.

La retórica de la amenaza intenta convencer de la importancia de mantener las lenguas y usa algunas estrategias que pueden ser muy perjudiciales para los hablantes. En primer lugar, se habla de números: “90%” de las lenguas está por desaparecer”, tal lengua cuenta con “sólo diez hablantes” y demás.  El problema es que contar las lenguas implica estar de acuerdo con el poder que se esconde detrás: ¿quién las cuenta? ¿según qué criterios? Una lengua no es una realidad tangible. También se cuentan los locutores, pero las lenguas son artefactos históricos y son las comunidades que deciden qué es una lengua y qué no, quién es un locutor y quién no. Por ejemplo, lengua urdu y la lengua hindi  (habladas en India y Pakistán respectivamente) pueden ser vistas como la misma lengua por los lingüistas, pero seguramente no lo son para las comunidades que las hablan. La lengua “serbocroata” hablada en la antigua Yugoslavia, está hoy dividida en serbo, croato, macedonio, bosnio, montenegrino y se escribe con diferentes reglas y alfabetos. ¿Cómo se la cuenta? ¿Y a los locutores? ¿quién decide quién es un “buen hablante” de una lengua? Las comunidades pueden tener visiones totalmente distintas de un experto externo sobre el ideal de buen lenguaje.

Otro argumento retórico es la valorización exagerada de las lenguas autóctonas, a menudo calificadas de “tesoro” de “valor inestimable”. Se usa este argumento porque de hecho es muy difícil convencer a la gran público que esto es verdad. Esta idea deriva de la percepción opuesta: durante mucho tiempo las lenguas indígenas fueron consideradas “inútiles” o “primitivas”. Sin embargo, considerar que son de una “riqueza extraordinaria” es de algún modo decir que no tienen un valor lingüístico real, es decir: que pueden ser usadas como medio de comunicación ordinaria. Los hablantes de lenguas amenazadas necesitan lo exacto contrario: percibir que su lengua sirve para ser hablada.

Ligada a esta idea está la imagen frecuentemente abusada en estos discursos de que las lenguas son “ancestrales”, un título sin sentido alguno. Si “ancestral” significa “de los ancestros” podemos decir que todas las lenguas son ancestrales y entonces el adjetivo no corresponde. Si significa “antiguo” se trata nuevamente de un prejuicio contra las lenguas que se consideran “primitivas”: todas las lenguas, de hecho, tienen la misma edad, y cambian continuamente.

La idea anterior está claramente ligada con la de “preservación”. También en este caso, preservar algo implica su inminente desaparición. Preservamos sólo aquello que sabemos que no es común o que puede desaparecer. Además, ¿quiénes y cómo se preservan las lenguas? Lo hacen “expertos” externos a las comunidades, y deciden entonces cuál es la norma y cuál no y, como un cirujano, seleccionan de la lengua lo que puede ser rescatado, desconociendo el contexto social en que la lengua se habla y, sobretodo, los intereses de la comunidad. El proceso de “purificación” impuesto produce una lengua tan artificial como lejana de las reales necesidades de los hablantes, porque tiene como objetivo separar la “naturaleza” de las sociedades.

Por otro lado, la participación de los “expertos” en estos procesos no está libre de poder. Su presencia altera tanto la comunidad como la lengua. Se prefieren a los locutores ancianos, no se registra la mezcla de variedades, se prefieren ciertos usos y se abandonan otros. Se intenta, por ejemplo, registrar los mitos (los relatos fundamentales de un pueblo) para después conservarlos en forma de “narraciones”, una noción occidental de la literatura que ignora entre otras cosas el valor simbólico y poético de la palabra. El objetivo de estas operaciones es crear la idea de una lengua como un objeto concreto y fijo.

El tercer argumento de la retórica a favor de las lenguas en peligro es la idea de “propiedad universal”: las lenguas son un bien de la Humanidad y salvaguardarlas es mantener la riqueza de todos. Este argumento intenta despertar la conciencia de la comunidad entera pero, si bien es cierto que la actitud de todos es importante para respetar los usos lingüísticos de los demás, esto no implica que los códigos que otros usan sean de “nuestra común propiedad”.  Esta idea deriva también del paralelo con otro tipo de recursos y va sólo en una dirección: la selva amazónica es “propiedad de todos”, pero el centro de Nueva York pertenece a sus propietarios legales. Se trata una vez más de otro tipo de explotación, y así es percibido por muchas comunidades: “nos han quitado todo, y ahora quieren también llevarse nuestra lengua”.

Este tipo de discursos va de la mano del llamdo “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” (o “intangible”) iniciativas que miran a “proteger” y “conservar” prácticas culturales que un grupo de expertos considera en peligro de desaparecer. Una vez más, la dinámica de los procesos de cambio no interesa a nadie. Los templos hindúes, por ejemplo, están siempre pintados de colores chillones y alegres, menos aquellos “protegidos” por la UNESCO, porque está prohibido modificarlos. Para ciertas religiones, sin embargo, la construcción continua de sus templos es en sí la función que cumplen. Podemos hacer un paralelo con las lenguas e imaginar que la “preservación” atenta contra el cambio, un proceso natural en todas las lenguas del mundo.

La apropiación de las lenguas y los discursos retóricos van tan lejos como para asumir que las causas del abandono pueden establecerse desde afuera. Es así como se incorpora la idea de que “las lenguas fueron abandonadas porque los hablantes fueron perseguidos” o que “las madres dejaron de usar la lengua para proteger a sus hijos”. Estas ideas niegan, entre otras cosas, que el multilingüismo es la condición natural de las personas, y trata a los hablantes de lenguas minoritarias como personas sin capacidad de agencia, sujetos sin reacción.  Las causas del abandono de las lenguas son, como todo, mucho más complejas y sólo pueden ser entendidas desde adentro. Afirmar esto no implica en absoluto negar el poder colonial ni el capitalismo global, si no, al contrario restituir a los hablantes y a las comunidades la autoridad sobre sus prácticas culturales, reconocer y aceptar sus actitudes y sus decisiones.

Una lengua no es un objeto, no puede ser medida y depositada para su conservación. Una gran parte de la lingüística (y todo nuestro sistema escolar) ve a las lenguas como una estructura (y no como una práctica), como una competencia (y no como una producción), como una gramática (y no como un discurso). ¿Cuál es el peligro de todo esto? El de olvidar la vida social de la lengua, su rol político e identitario, los deseos y esperanzas de los hablantes. En particular,  se ignora que la ‘lengua’ es una idea sostenida por una comunidad.

Cualquier lengua es una invención, pero es una invención con una realidad social.

El manual de lengua tehuelche del Consejo Provincial de Educación

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Hace pocos días pudo verse en la prensa que la Modalidad Intercultural Bilingüe del Consejo Provincial de Educación  de Chubut entregaba un “manual de lengua aonekko” a algunas escuelas de su provincia, de la misma manera que podría haber entregado un jarrón o una copa. La producción de ese “manual”, y el gesto de “entregarlo” tiran abajo cada uno de los puntos mencionados más arriba y colocan al Estado en el lado opuesto de lo que quiso mostrar su propaganda: en el de apropiador de conocimientos y opresor de derechos. Lo más grave del gesto es, una vez más, haber ignorado a la comunidad.

La noticia, publicitada desde el mismo Consejo de Educación, pueden verla en este enlace :

http://www.chubut.edu.ar/nuevachubut/2017/10/27/educacion-lanzo-el-libro-aprendamos-aonekoayen-en-su-visita-a-escuelas-con-eib-de-la-zona-sur-de-la-provincia/

(consultado el 30 de abril de 2018). Si ya no funcionara, pueden descargarla desde este enlace : eib lanza el libro aprendamos aonek’o ‘a’yen

Hace mucho tiempo que la comunidad “tehuelche” trabaja  con mucho esfuerzo para recuperar su lengua. El Estado considera con este tipo de gestos que apoya una “revitalización”. Recuperar una lengua significa poder usarla y no contar con un “manual” entregado desde alguna oficina. ¿Cuál es la “lengua” que ese manual pretende enseñar? Se trata de ese objeto que algunos expertos llamaron “tehuelche”. Es verdad que gracias a ese trabajo de documentación hoy los aonekkenkpueden intentar reclamar su lengua pero, ¿cómo puede considerar el Estado (¡el propio Consejo de Educación!) que una comunidad indígena va a hablar la lengua que ellos deciden?

Por otro lado, la romántica visión de una lengua como alma de un pueblo puede ser propia de los directores de la EIB, pero seguramente no es una verdad universal. ¿Responde esta iniciativa a las conclusiones de una etnografía sobre los valores de la lengua, sobre las actitudes y las ideologías lingüísticas de la gente que se quiere ‘instruir’? ¿O se trata, más bien, de una iniciativa de gran sentimiento político, pero sin ningún sustento antropológico?

Con todo esto no se pretende negar la necesidad de materiales para enseñar la lengua, si no señalar que no es legítima la imposición de un modelo. La iniciativa chubutense no sólo dibuja una frontera ficiticia a una lengua (en este caso, los límites de la Provincia de Chubut, que ignoran al pueblo ‘tehuelche’ de Santa Cruz, por ejemplo), si no que daña profundamente el derecho de la comunidad aonekken a conducir el destino de su lengua y cultura. Menos aún puede hablarse en este caso de “recuperación de lengua”. Es sabido que este tipo de iniciativas impuestas “desde arriba” está condenada al fracaso.

Los aborígenes de la Patagonia fueron ignorados y “extinguidos” en el imaginario popular. El Estado con este gesto ha continuado a negarle su rol político e identitario. Estos proyectos se construyen con los hablantes, no es un juego entre expertos. Una lengua que se usa es una práctica en movimiento y si el Estado quiere colaborar para que su recuperación tenga efecto tiene que modificar su política lingüística, tiene que dar lugar a las demandas de los pueblos. ¿Dónde está el uso público de la lengua en cuestión? ¿Cuál es el respeto a las Leyes internacionales sobre Derechos Lingüísticos? No se puede intentar inventar una “revitalización” si no se encara seriamente el problema de la poca valoración  social y política de la lengua en la sociedad.  ¿Ocupa la lengua espacios públicos? ¿Tiene algún lugar en la Educación pública? ¿Es posible imaginarla como instrumento de comunciación cotidiana o se trata de una ‘cosa’ para guardar en un armario? ¿Se preguntó el Estado quién es el legítimo propietario de la lengua o usó una vez más su poder paternalista?

La revitalización lingüística necesita que la lengua sea enseñada en la escuela, y necesita de hablantes especializados en la enseñanza. Si hoy la lengua no se enseña en ninguna universidad, ni existen investigaciones sobre su didáctica ¿qué sentido tiene crear un “manual” que, a lo sumo, reproducirá los esquemas coloniales que se dicen combatir? ¿Cómo piensa el Estado revitalizar la lengua si no forma personas para poder hacerlo, si no aplica ninguna política para asegurar que la lengua sea efectivamente usada? Una vez más, por supuesto que los materiales para la enseñanza son útiles y bienvenidos, pero la lengua necesita de hablantes orgullosos de sus raíces, concientes de su historia e identidad y esto seguramente no se logra si se continúa a ignorarlos en las decisiones que los afectan directamente.

El ‘manual’ (las comillas son obligatorias en este caso) en sí es, ciertamente, bonito. A su aspecto agradable ayudan los dibujos infantiles, no cierto su planificación lingüística ni didáctica. Está claro que nadie puede aprender una lengua siguiendo una lista de palabras. Entre los gruesos errores está el dar por sentado que cada palabra tiene su exacta traducción, el evitar desde lejos los usos comunicativos, en la decisión de usar ejemplos en mapudungun (?), en la idea de disfrazar a un chico con vincha y capa para la tapa, además de muchos otros.

Pueden descargar este material en el siguiente

enlace : Aonekoayen – Preview

 

La mayoría de las lenguas autóctonas está desapareciendo. El fenómeno es conocido desde hace bastante tiempo, pero sólo en la década del ’90 la comunidad científica empezó a actuar seriamente, promoviendo una serie de iniciativas como la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, programas de documentación y una campaña de difusión que, no muy existosa, intenta colocar el tema de las “lenguas en peligro” en debates más amplios como la colonización, la globalización y el ascenso del capitalismo mundial.

El movimiento de alarma ha creado una retórica tomada sobre todo de la ecología: el cambio climático y la desaparición de especies. El uso de metáforas como “la muerte de las lenguas” o “la revitalización lingüística” hace que a menudo se olvide que las lenguas no son organismos biológicos, si no construcciones sociales que no pueden separarse de las personas que las hablan.

La retórica de la amenaza intenta convencer de la importancia de mantener las lenguas y usa algunas estrategias que pueden ser muy perjudiciales para los hablantes. En primer lugar, se habla de números: “90%” de las lenguas está por desaparecer”, tal lengua cuenta con “sólo diez hablantes” y demás.  El problema es que contar las lenguas implica estar de acuerdo con el poder que se esconde detrás: ¿quién las cuenta? ¿según qué criterios? Una lengua no es una realidad tangible. También se cuentan los locutores, pero las lenguas son artefactos históricos y son las comunidades que deciden qué es una lengua y qué no, quién es un locutor y quién no. Por ejemplo, lengua urdu y la lengua hindi  (habladas en India y Pakistán respectivamente) pueden ser vistas como la misma lengua por los lingüistas, pero seguramente no lo son para las comunidades que las hablan. La lengua “serbocroata” hablada en la antigua Yugoslavia, está hoy dividida en serbo, croato, macedonio, bosnio, montenegrino y se escribe con diferentes reglas y alfabetos. ¿Cómo se la cuenta? ¿Y a los locutores? ¿quién decide quién es un “buen hablante” de una lengua? Las comunidades pueden tener visiones totalmente distintas de un experto externo sobre el ideal de buen lenguaje.

Otro argumento retórico es la valorización exagerada de las lenguas autóctonas, a menudo calificadas de “tesoro” de “valor inestimable”. Se usa este argumento porque de hecho es muy difícil convencer a la gran público que esto es verdad. Esta idea deriva de la percepción opuesta: durante mucho tiempo las lenguas indígenas fueron consideradas “inútiles” o “primitivas”. Sin embargo, considerar que son de una “riqueza extraordinaria” es de algún modo decir que no tienen un valor lingüístico real, es decir: que pueden ser usadas como medio de comunicación ordinaria. Los hablantes de lenguas amenazadas necesitan lo exacto contrario: percibir que su lengua sirve para ser hablada.

Ligada a esta idea está la imagen frecuentemente abusada en estos discursos de que las lenguas son “ancestrales”, un título sin sentido alguno. Si “ancestral” significa “de los ancestros” podemos decir que todas las lenguas son ancestrales y entonces el adjetivo no corresponde. Si significa “antiguo” se trata nuevamente de un prejuicio contra las lenguas que se consideran “primitivas”: todas las lenguas, de hecho, tienen la misma edad, y cambian continuamente.

La idea anterior está claramente ligada con la de “preservación”. También en este caso, preservar algo implica su inminente desaparición. Preservamos sólo aquello que sabemos que no es común o que puede desaparecer. Además, ¿quiénes y cómo se preservan las lenguas? Lo hacen “expertos” externos a las comunidades, y deciden entonces cuál es la norma y cuál no y, como un cirujano, seleccionan de la lengua lo que puede ser rescatado, desconociendo el contexto social en que la lengua se habla y, sobretodo, los intereses de la comunidad. El proceso de “purificación” impuesto produce una lengua tan artificial como lejana de las reales necesidades de los hablantes, porque tiene como objetivo separar la “naturaleza” de las sociedades.

Por otro lado, la participación de los “expertos” en estos procesos no está libre de poder. Su presencia altera tanto la comunidad como la lengua. Se prefieren a los locutores ancianos, no se registra la mezcla de variedades, se prefieren ciertos usos y se abandonan otros. Se intenta, por ejemplo, registrar los mitos (los relatos fundamentales de un pueblo) para después conservarlos en forma de “narraciones”, una noción occidental de la literatura que ignora entre otras cosas el valor simbólico y poético de la palabra. El objetivo de estas operaciones es crear la idea de una lengua como un objeto concreto y fijo.

El tercer argumento de la retórica a favor de las lenguas en peligro es la idea de “propiedad universal”: las lenguas son un bien de la Humanidad y salvaguardarlas es mantener la riqueza de todos. Este argumento intenta despertar la conciencia de la comunidad entera pero, si bien es cierto que la actitud de todos es importante para respetar los usos lingüísticos de los demás, esto no implica que los códigos que otros usan sean de “nuestra común propiedad”.  Esta idea deriva también del paralelo con otro tipo de recursos y va sólo en una dirección: la selva amazónica es “propiedad de todos”, pero el centro de Nueva York pertenece a sus propietarios legales. Se trata una vez más de otro tipo de explotación, y así es percibido por muchas comunidades: “nos han quitado todo, y ahora quieren también llevarse nuestra lengua”.

Este tipo de discursos va de la mano del llamdo “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” (o “intangible”) iniciativas que miran a “proteger” y “conservar” prácticas culturales que un grupo de expertos considera en peligro de desaparecer. Una vez más, la dinámica de los procesos de cambio no interesa a nadie. Los templos hindúes, por ejemplo, están siempre pintados de colores chillones y alegres, menos aquellos “protegidos” por la UNESCO, porque está prohibido modificarlos. Para ciertas religiones, sin embargo, la construcción continua de sus templos es en sí la función que cumplen. Podemos hacer un paralelo con las lenguas e imaginar que la “preservación” atenta contra el cambio, un proceso natural en todas las lenguas del mundo.

La apropiación de las lenguas y los discursos retóricos van tan lejos como para asumir que las causas del abandono pueden establecerse desde afuera. Es así como se incorpora la idea de que “las lenguas fueron abandonadas porque los hablantes fueron perseguidos” o que “las madres dejaron de usar la lengua para proteger a sus hijos”. Estas ideas niegan, entre otras cosas, que el multilingüismo es la condición natural de las personas, y trata a los hablantes de lenguas minoritarias como personas sin capacidad de agencia, sujetos sin reacción.  Las causas del abandono de las lenguas son, como todo, mucho más complejas y sólo pueden ser entendidas desde adentro. Afirmar esto no implica en absoluto negar el poder colonial ni el capitalismo global, si no, al contrario restituir a los hablantes y a las comunidades la autoridad sobre sus prácticas culturales, reconocer y aceptar sus actitudes y sus decisiones.

Una lengua no es un objeto, no puede ser medida y depositada para su conservación. Una gran parte de la lingüística (y todo nuestro sistema escolar) ve a las lenguas como una estructura (y no como una práctica), como una competencia (y no como una producción), como una gramática (y no como un discurso). ¿Cuál es el peligro de todo esto? El de olvidar la vida social de la lengua, su rol político e identitario, los deseos y esperanzas de los hablantes. En particular,  se ignora que la ‘lengua’ es una idea sostenida por una comunidad.

Una de las “lenguas en peligro” es la aonekko, conocida como “tehuelche”. Es una idea sostenida por un reducido grupo de personas que intentan con mucho cuidado y esfuerzo, recuperar parte de su identidad, fortalecerse y recuperar los lazos con un pasado que muchas veces les fue negado conocer.